La fotógrafa mexicana Flor Garduño llega a Madrid por partida doble: de la oscuridad a la luz
En Madrid, actualmente se pueden disfrutar simultáneamente de dos destacadas exposiciones de la fotógrafa mexicana Flor Garduño (Ciudad de México, 1957). La Casa de México alberga una colección de 69 fotografías que abarcan desde 1982 hasta 2016. Mientras tanto, en la galería Blanca Berlín, se exhiben 13 obras en formatos más grandes y con una técnica de impresión diferente. Entre estas, solo una coincide con la selección de la Casa de México, aunque en un tamaño más reducido.
La Fundación Casa de México en Madrid presenta la exposición hasta el 12 de febrero, mientras que la Galería Blanca Berlín tiene programada su muestra hasta el 11 de febrero, con precios que oscilan entre 3.500 y 22.000 €.

Flor Garduño, quien estudió Artes Visuales en la Antigua Academia de San Carlos entre 1976 y 1978, desarrolló su interés por la fotografía durante su tiempo como asistente en el estudio de Manuel Álvarez Bravo (1902-2002), uno de los fotógrafos más destacados de México, entre 1979 y 1980. Su obra personal comenzó a tomar forma en 1982.
A lo largo de los años, Garduño ha mantenido una prolífica actividad artística centrada exclusivamente en la fotografía, exhibiendo sus imágenes en numerosos libros y exposiciones. Un elemento visual distintivo en su obra es el uso constante del blanco y negro, lo que le permite resaltar el contraste entre formas y espacios, sombras y luces.
Garduño es también una fotógrafa viajera, y en sus travesías por diferentes países y territorios del mundo, proyecta sus raíces mexicanas en un contexto universal. Sus imágenes no reflejan simplemente situaciones inmediatas o circunstanciales, sino que se sitúan en un ámbito artístico que se centra en la interrogación y la reflexión sobre lo que se observa en ellas.

Los temas que aborda en su obra incluyen animales, naturaleza, construcciones arquitectónicas, desnudos femeninos, retratos de personalidades intelectuales (como el magnífico retrato de Antoni Tàpies) y referencias a otros artistas.
Los lazos con los animales han sido determinantes en la vida de Garduño, quien creció con un perro, un venado y veinte pájaros. La naturaleza se presenta en contraste con las construcciones arquitectónicas, que, aunque nos protegen, también nos encierran.
Los desnudos femeninos establecen un diálogo con los objetos, reclamando una posición de fuerza y vida en los cuerpos de las mujeres. Esto se evidencia, por ejemplo, en la obra «Moneda» (2001), donde una mujer desnuda sostiene una espada que la cubre desde los pies hasta la cabeza.

En cuanto a las referencias a otros artistas, en la Casa de México se exhibe una fotografía titulada «Arqueología de Duchamp» (2014), que hace alusión al ready-made «Rueda de bicicleta» (1913) de Marcel Duchamp. Además, otra obra titulada «Magritte» (2016) rinde homenaje a la importancia de las nubes en la obra del pintor belga René Magritte.
Estas referencias destacan la importancia del sustrato conceptual y surrealista en la composición de las imágenes de Flor Garduño. Cada una de sus piezas nos invita a mirar más allá de la superficie, a no conformarnos con la inmediatez, sino a profundizar en la observación.
En resumen, apreciar el contraste en todo lo que vemos, comprender que lo diferente tiene una conexión con nosotros y trascender de la oscuridad a la luz son elementos fundamentales para entender la obra de Flor Garduño.